Dice el refrán que “cada maestrillo tiene su librillo”. El del entrenador del Real Zaragoza, Manolo Jiménez, es transparente. No admite engaños ni dudas. Es una lástima que no llegara algún tiempo antes, pero esto ya no vale. Es historia. Ahora lo que cuenta es el futuro, la recuperación del equipo y la permanencia en Primera. Todo lo demás se debería aparcar hasta el mes de mayo, aunque esto es muy complicado si Agapito Iglesias no se aparta de la gestión nombrando otros gestores, o bien si llega “alguien” con diez millones de euros.
Una charla con Manolo Jiménez sirve, como mínimo, para recuperar la moral y el optimismo de cara al futuro. Posiblemente, en estos momentos, sea el hombre con más confianza en la permanencia de todo el entorno zaragocista y, en este sentido, hay que reconocer que los equipos son el reflejo de su entrenador. Frente al Getafe ya se notó la mano del nuevo técnico. Ahora es imprescindible que la totalidad del vestuario se sume al carro de Manolo Jiménez. Algún futbolista ya desapareció del mapa. Habrá más. Por su parte, Agapito Iglesias está obligado al cierre de manera inmediata del apartado de los fichajes para dejar una plantilla, al menos, compensada. Los despropósitos del pasado hacen que Manolo Jiménez tenga tres laterales izquierdos y ninguno para la derecha. Es un ejemplo.
Manolo Jiménez es todo sinceridad, valentía e implicación. Un tipo de los que merecen la pena. Refleja en el banquillo su casta y coraje de cuando era jugador, lateral izquierdo. Por su banda no pasaba ni el aire, como decía el ex zaragocista Delio Toledo.
Si todo el vestuario, los dirigentes, los técnicos y el resto del zaragocismo siguen la pauta marcada por Manolo Jiménez, se puede comenzar a soñar con la salvación. De momento, este fin de semana hay que hablar de fútbol y del partido con el Levante.
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